jueves, 31 de mayo de 2012

Mi texto del #20 de SAUNA Revista de arte: "Entre glitters y cuchilladas"

Enlace directo a la nota en la revista SAUNA:

Entre glitters y cuchilladas

Aventuras y desventuras de un bifurcado recorriendo algunas galerías porteñas
por Mariano Soto
                          
Casino, Benito Laren en galería DelInfinitoarte (foto gentileza de la galería)

No me gusta mucho confesarlo, pero es la verdad. Hace poco me dijeron que actuaba como bifurcado, tironeado entre síes y noes autogenerados, negando lo propuesto por mí mismo segundos antes. Ya cuando era adolescente me tildaron de maniqueísta, una vez. Y corrí a buscarlo en el diccionario, dado que Google era todavía un sueño impensable.
Debe ser sagitario, pienso, y a ver donde aparece una tana Fierro que me boludee de arriba abajo. Pero es que los sagitarianos somos extremistas, qué va. Debo reconocerlo. Basta que nos vean las patas equinas ancladas en el suelo y a continuación nuestro arco con la flecha apuntando hacia el cielo para comprenderlo: somos irredimiblemente terrenales, pero apuntamos a lo supra. Esa condición antitética me rige y es, a veces, contra lo que lucho. O a lo que me entrego sin renuencias, dependiendo del caso. En el transcurso del mismo día, incluso. Es que a veces los factores externos empujan… y cómo.
En este caso los extremos tienen que ver con el arte contemporáneo. Con tres muestras. Y los polos opuestos son la tragedia y el humor. De lo dramático a lo risueño. De la sordidez más explícita a la más implícita, porque, a no dudarlo, en un punto ambos extremos se cruzan. Somos up and down, miseria y gloria, luz y oscuridad. Todo al mismo tiempo. Los griegos clásicos representaban al “espejo de la Vida” que es el teatro, con los archiconocidos mascarones, como símbolo innegable de lo binario de nuestra condición.
Ahora: ¿es el arte más arte por generar angustia, desazón, repulsión? ¿Y lo es menos por ser colorido, brillante e irónicamente kitsch?
La pregunta, fuertemente anclada entre la retórica y la pelotudez absoluta, sigue, sin embargo, sin poder ofrecer una sola respuesta que quede como válida.
Pero vamos a los bifes.
El humor en el arte. En estos últimos días, algunas obras en algunas galerías porteñas ofrecen lo gracioso, grotesco o delirante como disparador.
Un extraño predicador con barba de homeless golpea el libro que lleva en la mano y del cual extrae la verdad iluminada con la que exhorta a la gente en la calle. A cada golpe –abracadabra- una llamarada se materializa muy próxima, incinerando a algún seguro pecador. Golpe y fuego se suceden por milagro y bien sincronizados. Finalmente, la misma llama purificadora lo devora a él y su barba profética, quedando incólume solamente, sobre la calle adoquinada, el libro admonitor, fuente de tanta sabiduría punitoria. Se sabe: quien esté libre de culpa…
Esta situación delirante, registro algo forzado a ficción, es el video con el que Federico Lamas participa de la muestra Extrañas Topografías, curada por Rodrigo Alonso en la galería Dacil. Si bien el relato de la muestra va por otro andarivel, el humor es el núcleo de esta obra. Y la sensación de extrañeza, claro, pero el aire general es surrealistamente divertido. Algo bastante presente en la producción de este artista en general. El mismo título de la obra, Vete al diablo, resulta un juego, un guiño al mundo cartoon, donde, se sabe, reinan por igual la risa y la crueldad.
En la galería Del Infinito, como en un último reducto de resistencia de aquel pizza con champán de los ´90, Benito Laren hace del Pop más irreverente, más fatuo y más glittered, su carta de pertenencia al mundo del arte. Casino es el nombre de la muestra, y todo apunta a destacar el oropel del nouveau riche, enriquecido, tal vez, en el mismísimo Casino “Espectacularen” de don Benito. Plástico de colores, stickers de brillantina a lo Rojas, un retrato de Michael Jackson o Donald Trump representado como una especie de “Riverito” propiciatorio de la fortuna, juegan al warholismo más acendrado. Sin embargo, el efecto residual deja más sabor a ironía amarga que a autocomplacencia. La misma imagen de Benito durante el opening, enfundado en traje blanco estilo Las Vegas y luciendo joyas y sonrisas como una Giselle Rímolo anterior a la caída, despliega el tono de patetismo justo como para que nos demos cuenta que todo es una gran burla. Debajo del plástico con brillantina no hay nada, piensa uno. Pero tal vez, justamente, es eso lo que Benito quiere señalarnos. Y recordando las sonrisas copa en mano del opening, la duda nos queda incómodamente instalada.
Pero el arte también puede ser cruel de otra manera. Limpia, blanca, violenta. A diferencia de un carnaval pintarrajeado, aquí lo que inquieta no es un truco, o un narcisismo pasatista, sino la tragedia latente. O la sordidez más cruda y visceral.
Sicaria se llama la muestra de Ana Gallardo en Liprandi. En un clima general aséptico y minimal, sin que nada interrumpa la mirada ni la contamine, cuatro obras bastan para dejarte K.O.
Sobre la pared de una de las salas, una puteada parrafal desesperada, insoportablemente larga y torturante, aparece escrita a puro cuchillo. Sí. La leyenda fue hecha a pura incisión con un elemento filoso sobre el muro; agresiva, urgente, tremenda. Mucho más allá del contenido, la obra es estética en sí misma, así estuviera escrita en un idioma incomprensible; los surcos profundos que desnudan la materialidad del muro son bellos pero atroces. Difícil imaginarlos revelando una declaración de amor.
En otra de las salas, una silla cualquiera y una libreta de notas bastan para que lo que podría ser considerada a priori como otra aburrida obra híper conceptual, se convierta en una obra. Basta con sentarse en la silla y leer las dos primeras páginas para otorgarle un status diferente.
Así como podría acusarse a Laren de hedonista y superficial, podría acusársela a Gallardo de efectista y golpe bajera. Pero no. La muestra de Gallardo en Liprandi tiene la contundencia de lo que sale al mundo por voluntad propia, sin cálculos aparentes. No es obra de género, aleccionadora. Es íntima e individual. Aunque yace un sustrato feminista, sin dudas. Pero uno tiene que hacer todo el esfuerzo por adivinar el fondo, qué es lo que ocurre más allá de la violencia y la fealdad evidentes. Todo bordea el límite: hay puteadas pero al final una frase de cariño; adivinamos manos que acarician la vejez más triste y desvalida, asoma la duda de un incesto, pero todos son aportes propios del espectador. La muestra transita lo siniestro, el lado humano más oscuro, pero guarda la distancia suficiente para auto redimirse… o será que después de los glitters del Casino Espectacularen, sentía un poco de culpa por tanto hedonismo burbujeante y efímero, como el champán del convite.

Sicaria, Ana Gallardo en Ignacio Liprandi

Vete al diablo, Federico Lamas: https://vimeo.com/19762473

Extrañas Topografías puede verse en Dacil Art Gallery, Soria 5125, Buenos Aires, de lunes a viernes de 13 a 19hs y los sábados con cita previa. 
Casino Laren puede verse en Delinfinitoarte, Quintana 325 PB, Buenos Aires, de lunes a viernes de 11 a 20hs y los sábados con cita previa. 
Sicaria puede verse en Ignacio Liprandi Arte Contemporáneo, Avenida de Mayo 1480 3ro. Izquierda,Buenos Aires, de lunes a viernes de 11 a 20hs y los sábados con cita previa.

Foto "Sicaria" por MARIANO SOTO

lunes, 7 de mayo de 2012

JOHANN LE GUILLERM EN GALLERYNIGHT TV

Mis incursiones televisivas para GalleryNight TV!
Última semana para ver la muestra de Johann Le Guillerm en el Centro Municipal de Exposiciones. Ensayos conceptuales sobre el punto; alteración de la percepción de lo “real”; la higroscopicidad como motor y el inquietante freak de tierra y pasto con movimiento cansino: “La Mote”.

http://www.youtube.com/watch?v=wOmLMUVDH5Y&list=UUiWYw_00Me2MSC86rtsbVZg&index=1&feature=plcp 



miércoles, 2 de mayo de 2012

JOHANN LE GUILLERM-MONSTRATION


La Motte-prototype IV, Cirque ici ©Ph. Cibille

ARTISTA: JOHANN LE GUILLERM
NOMBRE DE LA MUESTRA: MONSTRATION
PAÍS DE ORIGEN: FRANCIA
INAUGURACIÓN: VIERNES 27 DE ABRIL, 19HS
DÍAS Y HORARIOS DE VISITA: DEL 27 DE ABRIL AL 11 DE MAYO, TODOS LOS DÍAS, DE 12 A 20HS.
LUGAR: CENTRO MUNICIPAL DE EXPOSICIONES, Couture 2231 (Figueroa Alcorta al 2100)
ENTRADA LIBRE Y GRATUITA

« El mundo no es únicamente aquello que se dice de él, puede ser visto de otro modo.”
Con estas palabras, Johann Le Guillerm resume certeramente su búsqueda artística y la pulsión creativa que deriva en el fabuloso despliegue de su obra. Mezcla de druida y de científico positivista, su trabajo parte de investigaciones minuciosas y exhaustivas en torno a la naturaleza y sus leyes; con lo cual el magnífico despliegue de creatividad y el halo de imposibilidad mágica que rodean su obra, demuestran que el conocimiento no tiene por qué alejarnos de una concepción sensible y milagrosa de la vida y del mundo.
Romper la convención de lo considerado imposible desde la plataforma de lo exacto: ésa es la facultad suprema de este artista y es la que, a su vez,  nos permite soñar y viajar a través de sus creaciones y su visión ampliada del universo.
Con aires de laboratorio decimonónico de novela de H.G.Wells o de Conan Doyle, pero con un soplo místico ancestral, de historia cultural profunda, Johann Le Guillerm nos ofrece sus herramientas de trabajo circense como objeto artístico; cargadas de sentido y poseedoras de la belleza cruda de lo utilitario pero, a la vez, de lo hondamente conceptual.

Mariano Soto


lunes, 30 de abril de 2012

Inauguración muestra "Reseteo, Dharma" y performance en la obra de Nicanor Aráoz jueves 3 y 12 de abril

El 3 de abril se inauguró la muestra que curé en el cultural San Martín, con obras site specific de Román Vitali, Luis Terán y una instalación/performance/happening de Nicanor Aráoz. Los maravillosos espacios arquitectónicos de Mario Roberto Álvarez fueron tomados y resignificados por los artistas, inclusive el antiguo mobiliario del centro cultural de fines de los ´60, con diseños de Richard Eims y Martín Churba, que sirvieron de material para la instalación de Aráoz. 
La muestra es la primera de un ciclo llamado EXPANSIVA, y cuyo primer capítulo , en éste caso, se llama "Reseteo, Dharma". 
Abajo el breve texto curatorial.


Reseteo, Dharma


"Simultaneidad entre un mundo tecnológico y uno ancestral. El encuentro entre lo rudimentario y lo tecnificado. Una de las muchas realidades posibles en las que estamos inmersos es ésta, la que alberga el contrapunto entre un universo brillante tejido de bytes y otro de madera y tierra, anclado en un fondo vital. Realidad de multiplicación y de multiplicidad: viviendas y artefactos pero también personas y sus maneras de ser, que se expanden, se diversifican, se reformulan. Estructuras que se caen mientras se busca la síntesis, la superación del trance y el primer paso en el suelo nuevo.
Reseteamos cuando queremos instalar una modificación, refrescar y empezar de cero. Lo mismo pero distinto, renovado, fortalecido.
Sabiendo que el pasado y el presente son sólo un punto referencial y transitorio en la Rueda de la Vida." 

mariano soto

Fachada del cultural San Martín, con obras de Luis Terán y Román Vitali. Foto: Luis Terán

  Intervención lumínica en techo Patio Cubierto por Román Vitali


 Mi avidez de agonías me ha hecho morir tantas veces que me parece indecente abusar aún de un cadáver del que ya nada puedo sacar, instalación de Nicanor Aráoz

Espacio Temporal, obra de Luis Terán

Mi avidez de agonías me ha hecho morir tantas veces que me parece indecente abusar aún de un cadáver del que ya nada puedo sacar, instalación de Nicanor Aráoz

                         
                               Intervención lumínica en techo Patio Cubierto por Román Vitali

 Texto curatorial

 Mi avidez de agonías me ha hecho morir tantas veces que me parece indecente abusar aún de un cadáver del que ya nada puedo sacar, instalación de Nicanor Aráoz

 Intervención lumínica en techo Patio Cubierto por Román Vitali

 Espacio Temporal, obra de Luis Terán

Mi avidez de agonías me ha hecho morir tantas veces que me parece indecente abusar aún de un cadáver del que ya nada puedo sacar, instalación de Nicanor Aráoz

Fotos: Sandra Cartasso/Prensa CSM 

martes, 24 de abril de 2012

Mi texto del #19 de SAUNA Revista de arte: "La gran bestia Lyon"

Enlace directo a la nota en la revista SAUNA:
http://www.revistasauna.com.ar/02_19/06.html


La gran bestia Lyon

Incertidumbre, humor, belleza terrible y abigarramiento 

Cildo Meireles, La bruja 1, 1979-81 
Obra especialmente reconstruida para Aire de Lyon en Fundación Proa 

En la novela La eternidad, de Milan Kundera, una de las protagonistas, Agnes, hermana mayor de Laura, en un momento cae en la cuenta que su hermana menor planteó toda su vida en imitar a Agnes, en parecerse lo más posible a ella; en copiar sus gestos, en vivir de su belleza, de su originalidad. Aunque con un resultado aparentemente opuesto. Con lo cual Agnes, agobiada, se pregunta si no existirán sólo un par de gestos, un par de “maneras de ser” que, luego, aún inconscientemente, todas las demás personas  imitan, más o menos infructuosamente.
La muestra Aire de Lyon en Fundación Proa, es un recorte reformulado de la Bienal homónima curada por Victoria Noorthoorn en 2011. Al leer los textos de la curadora para la Bienal francesa, la línea conceptual trazada y la dinámica selectiva y criterial que la acompañan suenan vigorosas, interesantes. Incluso necesarias para nuestro momento histórico. El mismo título que cita aquel poema de Yeats –dubitación moderna pura- es una admonición que promete algo, como menos, intenso: “Una terrible belleza ha nacido”… pero lo que nos revela la hermana menor porteña es bastante menos que eso. En realidad, algunas de las obras ilustran este concepto a la perfección, pero el clima general no llega a tanto. Un solo gesto, dos resultados distintos.
“La 11ª Biennale de Lyon quiere estar viva. Si pudiera ser considerada como un animal o como una bestia, lo elegiría” dice Noorthoorn en uno de los textos. Hermosa idea y linda y poética imagen, pero al producto final el traje le queda algo holgado. La bestia perdió un poco el rumbo con el viaje. O sufrió de jet lag.
No obstante, varias son las obras que generan el encuentro con una belleza terrible o con lo terrible de la belleza, según quiera verse. O que interpelan sobre incertidumbres actuales ancladas en horrores de un pasado más o menos inmediato. La instalación de Robert Kuśmirowski es inmejorable ejemplo de ello. Como espectadores detrás de una cámara Gesell, vemos del otro lado una suerte de laboratorio-cámara de pruebas, con aires de película de espionaje setentosa. Verdaderamente inquietante, la pulcritud de todo el aparataje vintage nos clava un buen aguijón. Al lado, la misma obra salva con inteligencia lo que estuvo al borde de la obviedad: vislumbramos una silla eléctrica pero detrás de un vidrio esmerilado; el margen de inasibilidad la salva de caer en lo fácil.
En la pared de enfrente, con papel y acuarelas, la sudafricana Marlene Dumas expone un muestrario de abusos y/o voluptuosidades enmascarados en la simpleza de unos dibujos preciosos y frescos, aparentemente infantiles. Esta instalación tiene cierto punto de contacto con la de gouaches rosadas exhibidas el año pasado en la misma Fundación Proa, en la muestra sobre Louise Bourgeois curada por Larrat-Smith.
El recorte espacial llevado a cabo en la sala 2 en función de esta parte de la muestra, resulta largamente apreciable. La reformulación de los espacios expositivos en sujeción a un relato curatorial, son siempre bienvenidos. Un toque escenográfico o espectacularizante resulta hoy 100% legítimo y enriquecedor para el mundo de las artes visuales o, incluso, para el de la museología.
La sala siguiente alberga otras dos obras potentes: la inquietante/humorística bolsa negra en movimiento de Eduardo Basualdo –que nos lleva del asco a la risa con un solo ticket- y la instalación de Eva Kotátková, Máquina de re-educación, donde imaginamos lectores de libros escolares encerrados en una cisterna como método/castigo, y, a continuación, una rueda que sumerge esos mismos libros en un piletón, según se la accione. En esta obra, por ejemplo, las tensiones internas que se producen según interpretemos el significado último como juego escolar rebelde o como método de represión a las ideas –o cualquiera otra lectura que se pueda hacer- va exactamente en la línea de la propuesta curatorial de jugar con sentidos opuestos, interpretar hacia un lado o hacia el contrario.
Alrededor de la máquina re educadora, y como parte de la obra, una serie de dibujos/collages resultan redundantes en la intención de agregar algo que no hacía falta agregar. Se despegan estéticamente de la obra central y cuesta verlos como parte integrante, amén que están yuxtapuestos con un video y una instalación de otros dos artistas, lo cual vuelve el conjunto un poco confuso, haciendo perder fuerza a la tremenda obra de la artista checa.
Como transición de la planta baja al primer piso, en la escalera, mientras se echa un último vistazo a los incomprensibles y sosos ready mades de Katinka Bock, la mucho más desmaterializada pero presente obra de Lenora de Barros (Utopy, 1996) resulta sorpresiva. Un sonido roto, ahogado por momentos, inesperado, nos deja perplejos mientras subimos: ¿escuchamos algo o no? ¿Era una voz de la calle? Sin espectacularidad ninguna, la obra funciona generando perplejidad, con mucho menos –y con mucho más- que una tabla apoyada contra la pared.
En el piso superior, la apuesta cambia la proporción de componentes: si la planta baja jugaba con un posible costado humorístico de lo siniestro, en la planta alta predomina el humor, jugando a exponer airoso su lado siniestro, lo cual lo vuelve mucho más humorístico aún.
La Bruja, la obra de Cildo Meireles, es la más efectiva en su tipo de site specific, inundándolo todo subrepticiamente, divertida y mala a la vez, como buena bruja. Los montones de lana negra funcionan como obra visual pero además se disparan en varias direcciones: cambian la percepción volumétrica del piso, entorpecen el paso, generan incomodidad de movimiento, guardan mugre, vierten su negrura solapada everywhere, pero con cara de yo no fui. En la sala donde La Bruja empieza con su hechizo lanar, las obras de Marina de Caro, los dibujos de Christian Lhopital y Marlene Dumas –otra vez- y el patético payaso de Laura Lima funcionan perfectamente como un todo. Tanto que, por momentos, pueden confundirse un artista con otro; pero a diferencia de en la sala de abajo, acá el efecto aporta y no merma. El chiste general predomina por sobre la anécdota particular de las partes.
Trasponiendo la sala y llegando a la librería, el hall del Auditorio y la cafetería, el efecto de abigarramiento genera confusión perceptiva y, por tanto, va en detrimento del discurso y del concepto general. Parece gobernar el horror vacui, y el concepto de invadir los espacios institucionales con las obras creadas ex profeso deviene en estética de bazar que, por tanto que ofrece, no nos permite detenernos en nada en especial. El caso de la instalación de Diego Bianchi es emblemático de éste síntoma: demasiadas piezas, demasiadas situaciones, demasiados juegos matéricos. La intervención del vidrio de la escalera, blanqueado a la cal y grafitteado al mejor estilo obra en construcción; el nylon negro que cubre la vidriera y el silloncito clásico a punto de reventar bajo el peso de una piedrota casi gemela al menhir que portaba Óbelix, resultan el conjunto más aprehensible y expresivo. Muchas de las piezas son bellas –un accidente doméstico con reminiscencias surrealistas-; la coctelera chorreando cemento es increíble, por ejemplo, pero el efecto final es el de muchas cosas apretadas en un espacio chico y difícil. Con menos, la situación hubiera sido perfecta. Hacia abajo, en la escalera que lleva a la entrada, la intervención de Garrett Phelan es un gran acierto, y el negro predominante retoma la invasión espacial allí donde La Bruja se cansó de seguirnos.
La idea de la belleza terrible, la posibilidad del disparate como posibilidad, la lectura y los ecos de las obras en sentidos antagónicos, el humor, la incertidumbre y el antídoto de poder reírnos de nosotros mismos como actores de nuestro tiempo, fueron todos elementos propuestos en el planteo de la Biennale de Lyon. En su versión reformulada material y espacialmente, la versión porteña, tal vez como escudo protector, se llamó a sí misma Aire de Lyon. No es lo mismo, es un aire de. Planteada así, la muestra se cubre a sí misma de una posible pérdida de activos. Compuesta de varios puntos altos y apoyada en una búsqueda narrativa inteligente, Aire de Lyon es buena y aporta una mirada. Pero imaginamos que su hermana francesa, desparramada en 14.000 m2 de museos, fundaciones y monumentales ex fábricas lyonesas, tuvo la posibilidad de jugar otro juego y lucirse en el intento.


La muestra Aire de Lyon, puede verse hasta junio de 2012 en Fundación PROA, Av. Pedro de Mendoza 1929, Buenos Aires. De martes a domingo de 11 a 19 hrs. Lunes cerrado.

Robert Kuśmirowski, E.M.A  S.A., 2012
Instalación con maquinarias y mecanismos eléctricos varios